Nunca me sentí más vacía que cuando me di cuenta que había pasado tanto tiempo narrando el pasado e imaginando el futuro que me olvidé del presente.
Y no podía ver más.
Y quería ayuda.
Pero ya no había voz en mi garganta.
Ni oídos que me escuchasen.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario