No sé si habrá un siguiente.
La verdad es que eres el último.
Sus rostros se ven borrosos en mi mente.
Y mi corazón está muy cansado.
Uno de ellos me conoció cuando era más joven.
Más ingenua. Más tonta.
Me enseñó a dejar de ser de piedra y pasar a ser aire.
Hubo palabras. Pensé que nuestro amor se basaba en eso.
Pero no era amor, y la prosa estaba tan mal escrita.
Quien le precedió me enseñó a odiar y a destruir.
Él era el Rey y yo la Reina de un reino en llamas.
Pero los Reyes siempre tienen amantes.
Y las Reinas siempre usan pociones para matar.
La semana que entra tendrá una boda de ceniza.
Después hubo alguien quien me enseñó a no preocuparme.
Y me volví más tonta, y me volví más ingenua.
Nuestros cimientos eran el veneno que usé para matar al anterior.
Nos destruimos mil veces. Nos pedimos perdón sólo diez.
Ahora es padre. Su hija lleva mi nombre.
Volvieron las palabras con el último, pero esta vez eran falsas.
Estábamos juntos sólo para saciar nuestras necesidades.
Yo me llenaba de afecto y él se saciaba de venganza.
Un día abrimos los ojos.
Nos encontramos sin saber quienes éramos.
Te conocí aún estando con él.
No recordaba emocionarme sobre él como me emocioné contigo.
Estaba nerviosa. Tenía mucho miedo.
Ya no quería ser aire, sólo quería ser tuya.
Y quedarme.
Había hecho planes en el pasado. Desde luego que si.
Pero eran solo divagaciones. Sueños sin frutos.
Semillas de las que nunca nacería un brote.
¿Importan sus caminos? Siendo así, debo confesar que los he perdido.
Me perdí cuando cada uno de ellos se iba y encontraba uno nuevo por mi misma.
¿Qué hicieron los demás que no has hecho tu?
Irse. Dejarme. Romperme.
¿Qué has hecho tú que ellos nunca han logrado?
Hacerme quedar. Ya no quiero ser aire.
Sólo quiero ser tuya.
Dejé de divagar a tu lado y comencé a construir realidades.
Sentí temor al mirarte y me haces dudar constantemente.
No quiero romper y huir. Quiero quedarme a arreglar.
Estás aquí. Estoy aquí. Estamos aquí.
Y pronto ninguno de los dos nos quedaremos en este lugar.
Tomaré tu mano y huiré contigo.
Y no se sentirá como huir, sino como emigrar.
Como hacen las aves.
Nuestros sueños serán nuestras alas.
Nuestras palabras serán nuestro aliento.
Nuestro amor no es una hoja en blanco.
Es el oscuro firmamento.
Cada segundo contigo es una estrella.
Y hay momentos que se han muerto.
Momentos que tenemos que suprimir.
Las constelaciones cambian constantemente.
Pero el cielo estrellado sigue ahí.
Nuestro amor es un firmamento en cambio constante.
Y cada noche nos recostaremos sobre el césped.
Lo observaremos. Y haremos el amor.
El papel es muy frágil.
Nosotros somos invencibles.
Seguimos aquí aunque estemos heridos.
Nos hemos hecho tanto daño el uno al otro.
Me enseñaste a amar y a perdonar, yo no sabía.
No sé que habrán hecho los demás.
No sé si eres el elegido.
No sé qué haría el elegido.
Pero sé que haría yo:
Quedarme. No huir sola. Yo no voy a dejarte.
A menos que me lo pidas.
Lo que solo tu hiciste.
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